
“¿Has leído este artículo?”, me preguntaba hace un par de semanas una buena amiga inglesa. “Merecería una buena respuesta”, añadía con cierto retintín.
Se refería al comentario “Clicktivism is ruining leftist activism”, de Micah White, publicado el pasado mes de agosto en la sección online “Comment is Free”, en el prestigioso The Guardian.
Para White, el activismo online (al que define de manera peyorativa como “clicktivismo”, por lo que supone ser su aparente obsesión por el número de clicks) constituye un terrible peligro para la izquierda y para los auténticos movimientos radicales. El clicktivismo, argumenta el autor, abraza la ideología del “marketing”, reduciendo el éxito de una campaña a puros resultados métricos. Con ello, desaparece la fe en el poder de las ideas para lograr un cambio social. Contra un clicktivismo iluso y tecnócrata, White propone un retorno a la pasión, y a la crítica ideológica y total de la sociedad de consumo.
Os recomiendo su lectura detenida y crítica. Pero permitidme ahora un par de reflexiones y otra recomendación.
White hace bien en plantear algunos de los posibles riesgos y limitaciones de los modelos de activismo online. Por ejemplo, el que la mera colección de firmas – y firmantes – por internet se convierta en un fin en sí mismo. Este es un debate necesario.
Pero, en mi opinión, su artículo tiene fallas demasiado importantes. En este sentido, destaco el hecho de que el núcleo de su provocador discurso descansa sobre una visión ultra-simplificada y sesgada (i.e. el click como principio y final de todo) de la realidad del activismo por internet y su enorme potencial de cara al futuro.
Metámonos por un momento en la piel de un activista online inglés de Avaaz. A modo de brevísimo catalogo, desde enero de 2007,
…nuestro activo colega ha sido uno de los millones de personas en todo el mundo que vieron y compartieron “Stop the Clash of Civilizations“, el “Video Político del Año 2007″ en youtube, ha participado regularmente en consultas para definir las prioridades de Avaaz y el enfoque de sus campañas, ha apoyado a través de pequeñas donaciones a organizaciones locales en su lucha por superar grandes desastres humanitarios y proteger los derechos humanos (Birmania, Haití, Pakistán, Irán, Tibet), ha ayunado en solidaridad con activistas africanos enfrentados al brutal régimen de Mugabe en Zimbabwe, se ha manifestado en las calles de Londres y Copenhague, junto a cientos a miles de ciudadanos, ONG y sindicatos, contra el cambio climático y las políticas económicas y financieras del G20, ha organizado eventos públicos en su ciudad, ha llamado por teléfono a las oficinas del Primer Ministro y de otros miembros de su gabinete urgiéndoles medidas urgentes para frenar el calentamiento global, han ayudado a publicar decenas de anuncios en periódicos y en televisiones, que han contribuido y mucho más…
Esto es apenas una muestra. En realidad, son millones los ciudadanos y ciudadanas que están eligiendo el internet como medio esencial para expresar sus opiniones y ejercer su activismo: en Brasil, en Francia, en Uganda, en la India, y aquí en España. Por no hablar de las organizaciones y grupos activistas más tradicionales que están experimentando cada vez más con las nuevas tecnologías
Son estas experiencias las que me inspiran y las que sostienen mi convicción de que, con todos sus riesgos y limitaciones, la movilización y la acción coordinada por internet nos abren un enorme campo de posibilidades, estrategias y herramientas con las que seguir afrontando las grandes batallas ciudadanas por la democracia y la justicia social en este siglo XXI.
Y aquí llega mi segunda recomendación. Ben Brandzel, uno de los más destacados profesionales y pensadores en el mundo del activismo por internet, ha escrito esta detallada respuesta al artículo original de Micah White.
En “The case for online organising”, Brandzel analiza el alcance y el impacto de las diversas tácticas de organización y movilización por internet, a las que agrupa en tres amplias categorías:
- “Speaking up”: utilizando el poder ciudadano de base para ejercer presión sobre nuestros dirigentes
- “Reaching out”: creando conexiones directas entre la gente como catalizador de cambio
- “Working together”: uniendo nuestras capacidades y recursos para construir una duradera infraestructura para la acción ciudadana
El artículo también contiene una serie de principios que actúan a modo de pilares de este modelo de activismo, así como una colección de mini-historias y anécdotas que ilustran el caso presentado por Brandzel y las respuestas principales a las críticas de White.
El debate está servido. ¡Bienvenido sea!
Por supuesto que le envié mis reflexiones y el artículo de Brandzel a mi amiga inglesa (olvidé deciros antes que es una escéptica declarada del ciberactivismo), y esta fue su concisa, anglo-sajona respuesta: “Gracias. El artículo es interesante y convincente.”
Y vosotros, ¿qué opináis?
Foto: lastquest
Publicado en Actuable el 2 September 2010 por Luis Morago.








